Bailo con mis errores.



Soy un conjunto de deseos que acaban en tu boca y
mis ojos de gata maúllan como si todo pudiera suceder esta noche.
Tu risa conjuga con mis ganas y sigo fingiendo que conozco las canciones que están sonando.
Quiero inventarme pretextos para hablar pero no puedo destruir todo lo que no tenemos. Por eso te bailo cerca y escucho las palabras que regalas a otros.
Has hablado de mí, has rimado mi nombre con otras chicas y eso ha eliminado la poca magia que tenemos por ser unos completos desconocidos.

Ya no quiero deshacerme en tus labios.

Y aunque desnudas mis pensamientos dejando mi cuerpo intacto,
bailo con mis errores y suplico que esta noche acabe.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

Rascacielos para suicidas.



Nos tocamos y parece que estoy partiendo el mundo con mis uñas. Estoy cometiendo un pecado mortal, un acto suicida, un impulso de violencia.
Mi boca es el centro de protesta y yo sigo muda ante el acto involuntario de querer tenerte.

Esto es peligroso.

No puedo estar en la misma habitación que tú y no quererte a segundos de mi.

Repito: esto es peligroso.

No lo digo yo lo dicen la ciencia y la filosofía, la moral y la biología.
Dos seres tan químicamente heridos no pueden detenerse en la piel por tanto tiempo.

Mi deseo se adelanta a la idea y ya solo siento tus huellas dactilares dibujando mi cuerpo.

El mundo se está destruyendo y yo me estoy matando.
En la radio nadie alerta sobre la bestia, sigo pegada a tu lengua y no soy capaz de pulsar la tecla esc. Tengo que huir de esta catástrofe profesional, pero lentamente en tu boca estoy teniendo el mejor orgasmo de toda mi vida...

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.



Los amigos no se besan.



He deseado irme de aquí, de este impulso por querer tenerte, de estas ganas por violar tu boca... porque somos amigos y los amigos no se besan pero eres un lugar en el que me encanta perderme.
Así que a veces me digo que sólo es un baile, un último baile (un último beso), me digo que un baile no me puede matar, que tengo un pasado muy malo y un chupa-chups en la mano y eso jamás puede destruirme en otra cama.

Entonces bailo y me fundo con la música que está sonando.
Olvido irme.
Olvido que los amigos no se besan.
Olvido que es mejor no abandonarse en bocas prohibidas y me dejó llevar...

Te beso.

Y se me olvidan las normas no escritas que rigen el mundo, la estúpida necesidad social por mantener el orden de las cosas... me olvido de todo porque en tú boca solo estas tu, y yo, nosotros, y no necesito recordar más.
Contigo me encuentro desordenada y creo que es cuando más me encuentro yo.
Yo en tí y yo en mí.

Nunca me he enamorado por lo que no sé el desorden de emociones que supone esa sensación, sólo sé que quiero quedarme aquí, contigo, por mucho que he deseado irme de aquí, quedarme para el último baile y dejar de decir que los amigos no se besan.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

No puedo culparos.


No puedo culparos del daño que otros me hicieron.
No puedo culparos por aquel hombre malo que conocí con quince años.
No puedo culparos por la orden de alejamiento jamás cumplida, por las noches llorando, por los días con miedo...

No puedo culparos.
Pero a veces lo hago.

Y no lo puedo evitar
y sé que está mal
pero tengo miedo y ese miedo es el que me hace culparos.

Hubo un tiempo en el que no os culpaba de nada, hasta que conocí la maldición de los hombres malos. Aquella maldición que algunos hombres llevan en sus genes, que heredan de sus padres y dan a sus hijos, hombres malos, sin empatía...

Yo conocí a un hombre malo.
Yo vi lo que el amor hacía a una chica soñadora y enamorada, recogí sus lágrimas de la ducha, cubrí su cuerpo, tiré los cigarrillos que la consumían y recé cada noche para que el hombre malo no se la llevase...

Pero el hombre malo se la llevó y yo no pude hacer nada, el hombre malo se llevó sus sueños y la dejó consumida como los cigarrillos en los que se refugiaba y quizá por eso llevo toda la vida culpando a hombres buenos de lo que hizo aquel hombre malo.
Por eso me disfrazó de guerrera, aunque soy una patosa, y me pinto soberbia y creída aunque no me creo ni mi nombre... Porque me prometí no morir en las manos de un hombre malo y porque no puedo culparos.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.
                                                                

Dudar de ti.


A todos los actores a los que las circunstancias 
les han hecho dudar de sí mismos.

Hay cosas duras en esta profesión. Está la inestabilidad, el rechazo, la falsedad, el constante aparentar... Pero considero que lo peor es cuando las circunstancias te hacen dudar de ti. 
Dudar de ti con todo lo que eso implica: dudar de tu cuerpo, dudar de tu voz, dudar de tu trabajo, dudar de tu valía...
Y todo esto te lleva a una tristeza tremenda ¿qué paradoja, no?
Que la cosa que te hace la persona más feliz del mundo te pueda destrozar en pedazos tan pequeños que no se los puedas dar ni de comer a los pájaros.

A veces fantaseo que soy un pájaro y que vuelo lejos, muy alto, y entonces imagino que me cago en toda la mierda de esta profesión, me cago en los insfluencers, en los actores sin formación que son enchufados y en todas las personas que me han dicho que no porque no era lo superficie...
Lo suficientemente alta, baja, gorda, delgada, no tienes los suficientes seguidores, no tienes la suficiente edad...

Entonces transformo las dudas, el rechazo, la injusticia y lo convierto en fuerza, me hago grande, gigante, y recuerdo que sí soy suficiente:

Soy suficiente para llenar cualquier escenario del planeta, 
soy suficiente para emocionar hasta a las personas que han dejado de sentir, 
soy suficientemente alta para llegar al tarro de miel de la cocina que mi abuela no puede coger, 
tengo la suficiente edad para hacer de mis heridas aprendizaje, 
tengo los suficientes seguidores para saber quién aprecia mi arte y quién confía en mí,
y entonces no dudo. 

En esos días lo veo claro, veo claro que el problema está fuera, no en mí. Veo que no me veis porque no queréis, que no me valoráis porque no os habéis parado a sentirme...

Sin embargo yo sé que un día veréis a este pájaro volar muy alto y entonces os pareceré más que suficiente pero hasta el momento, hasta que tus plumas no se desplieguen, piensa en mí y jamás dudes de ti, porque yo confío en ti, solo falta que tú también recuerdes que tú también confías en ti y vueles, muy alto.

Un placer tenerte en mi piel espero que hayas disfrutado.



A la moda.



Netflix, operación triunfo, Instagram y Rosalía están de moda.
También está de moda el cáncer. O quizá el cáncer nunca haya pasado de moda. No sé.
A veces frivolizo tanto mi tristeza que la convierto en un helado que me tomo incluso cuando no hace sol.
Me encanta hablar de mis tristezas y estar a la moda.
Sobre todo me gusta estar a la moda.
Por qué si no estás a la moda, nadie habla de ti y claro, es importante que hablen de ti.
Yo soy piscis así que no estoy de moda.

El cáncer, el cáncer está de moda.

Mi hermana está a la moda. Mi hermana nació el 16 de julio y es cáncer así que ella está a la moda.
Nike ya no está a la moda.
Mi abuela sí, ella sí está a la moda (porque la moda no entiende de edades) mi abuela está a la moda porque mi abuela tiene cáncer.

Mi hermana es tendencia, porque mi hermana tiene cáncer y es cáncer, eso es cómo un superlativo de estar a la moda, ¿no? Es cómo ser concursante de algún reality en antena o que la serie en la que trabajas se haya visto en mil países y de repente tengas muchos seguidores, ¿no?

Porque ahora todo el mundo está enfermo. Enfermo de cáncer. O enfermo de la cabeza.

Pero oye, que yo amo Netflix, Ot, Instagram y a Rosalía, porque yo sí estoy a la moda.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.



He nacido mujer.




Dispara, he nacido mujer:
merezco los golpes y los abusos, merezco que me llamen puta y ser segunda opción de todo trabajo.

Dispara, he nacido mujer:
¿merezco los golpes y los abusos?¿Merezco que me llamen puta y ser segunda opción de todo trabajo?

Nadie me ha enseñado la diferencia, yo la he notado.
Ser mujer y recibir un disparo va de la mano.

He nacido para ser asesinado por los hombres que no saben amar. Pero yo no me dejo matar, ni abandono a mi madre, ni lloro a mi hermana, ni callo a mi abuela. Porque son mujeres que luchan y son mujeres que aman y son mujeres que me han enseñado a gritar fuerte.

Perdonad si os incomodan mis palabras, pero he nacido mujer con manos, he nacido mujer con boca, he nacido mujer con ideas y quizá mis ideas os incomodan, quizá mi falda os incomoda, quizá mi sentimiento de protesta os incomoda pero yo he nacido luchando y seguiré luchando.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

A todos mis compañeros románticos:


A todos mis compañeros románticos:

Hola soy Lucía y me considero una romántica del sigo XXI. Sí, en este tiempo y en este lugar, continúan existiendo personas que creen en el amor por encima de todo.
Esto es un llamamiento para todos los románticos de este siglo, pues aunque somos pocos, aún somos.

Estoy perdiendo la fe.

Confieso que me he lanzado a la vida fácil y aunque no me avergüenzo de no privatizarme he descubierto que alquilar mis lunares los fines de semana no consigue saciar esta necesidad que tengo.
Esta necesidad de amar.

Es difícil ser una criatura emocional en una sociedad que censura las emociones y no cree en el amor.
Creo que ya no hay valores... el egoísmo prima en nuestra generación. Y el amor no es egoísta.

Todos hemos sufrido. Hemos sido heridos pero también hemos sido agresores.
Y de esto todos deberíamos aprender: aprender a curarse y no extender tu herida a futuros amores, aprender a pedir perdón con la intención de no volver a repetir esos errores.
Todos hemos sufrido, sí. Pero eso no justifica que os queráis salvar a toda costa, dejad de herir a otros para estar asalvo, dejad de justificar el dolor que provocáis por el dolor que os han causado, dejad de ser egoístas... Por que el amor no entiende de venganzas, ni de miedo, ni de egoísmo.

"Me gustas" pero ¿cómo voy a decir eso? Lo digo por que lo siento así... un "me gusta", un "te quiero" eso puede simbolizar ataduras, eso agobia, eso...
¿Podéis dejar de dar significado a cosas que no la tienen?
Me gustas punto: No quiero que vivamos juntos, ni que compremos un gatito, ni que me des los buenos días por la mañana, simplemente "Me gustas" y no me avergüenzo.
Pero ¿cómo no voy a perder la fe en las personas cuando escuchan un "te quiero" y salen corriendo? El amor nunca (nunca) es algo negativo. Y ahora parece que si. Parece que el mostrar tus sentimientos no está de moda, que el amor no está de moda.

A todos mis compañeros románticos: seguid buscando la piel, la piel no miente.
A todos mis compañeros románticos: seguid amando.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.



Tengo veintidós años y me voy a morir.



Quería decirte que me voy a morir.

Tengo veintidós años y me voy a morir.

No habrá ningún terremoto, ni seré noticia en los periódicos. Mi muerte no será ningún acontecimiento nacional, ni me enviarán mis flores preferidas, ni recibiré las cartas que siempre pido por mi cumpleaños, ni habrá confesiones de amor... porque será tarde, muy tarde.

Tengo veintidós años y es tarde. Es tarde para desear no haber muerto, porque todos vamos a morir.
Moriré igual que viví -imbécil- amando a hombres que no me han quitado la sed, habiendo dormido con heridas huecas y chistes de barrio. Moriré vestida porque aún no he aprendido a amar mi cuerpo.

Moriré con la pasión de los humanos,
rodeada de fieras mutantes,
bailando en un escenario invisible...

Porque tengo veintidós años y voy a morir.

Moriré tranquila, sabiendo que he amado a mi abuela sin medida, queriendo a mi madre por darme la vida todos los días de la mía y por tener un padre que construye castillos en silencio.

Tengo veintidós años, la misma edad que él tenía al morir.

Moriré sin saber nada. Sin conocer el nombre de las montañas de Europa -aunque me llevaré todos los pasos que he dado-, no sabré hablar muchos idiomas -sabiendo que me he conformado con entender tu lengua-. Moriré con veintidós años y sin saber nada de literatura, ni de música, ni de historia, ni de filosofía...

Y aunque ahora escribo para saber algo. Ahora sólo sé que tengo veintidós años y que me voy a morir. Que no seré lo suficiente valiente para decirte que te quiero, que no podré bailar desnuda en un río de noche, que no me habré protegido de los hombres malos y que no habré salvado a nadie de la tormenta -todos estamos en ella-.

Me voy a morir y quiero dejar por escrito que donaré todos mis órganos. Menos mis ojos; porque un día me dijiste que eran preciosos.
Y ya que me voy a morir quería pedirte que amases por mi a mi familia, que es maravillosa. (Cuando hablo de mi familia también incluyo a los que me ha regalado la vida). Ama, ama, ama mucho.
Que me voy a morir.
Y tú también.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

Hola me llamo Lucía Estévez y soy actriz.




Hace un año decidí dejar de enviar correos absurdos que prácticamente ninguna agencia o representante responde o lee y me presenté en la agencia Lanaja Factory con mi mejor sonrisa, mi material impreso y toda mi ilusión.

Cuando me abrieron la puerta sólo me dió tiempo a decir: "Hola me llamo Lucía Estévez y soy actriz". El hombre que me abrió la puerta, cómo si vendiese biblias, me dijo: "No me interesa, no buscamos a nadie más" y me cerró la puerta en la cara. La cerró y ya está.

Llevo formándome desde los catorce años. Sacrificando muchos viernes porque los sábado por la mañana tenía baile, sin socializarme con mis compañeros de universidad porque cuando ellos se iban de cañas yo tenía clase de interpretación seis horas cada tarde, he roto con muchas parejas que no entendían las horas que le dedico al teatro, he perdido a muchos amigos por dedicar más tiempo a mi vida profesional, he perdido vacaciones por talleres o actuaciones. He invertido tiempo, dinero, ilusión, ganas, esfuerzo, sacrificio, sudor, lágrimas, personas, familia...
He hecho todo eso y lo volvería hacer. Porque es mi vida, es mi pasión y es lo que amo.

Aquel día salí de ese edificio destrozada, con una mezcla de tristeza y rabia que no podía controlar. Empecé a llorar cómo si no hubiera un límite, porque creo que lo que me pasó no es justo y tampoco educado.

Querido hombre de Lanaja Factory si algún día llegan mis palabras a sus oídos y decide regalarme aquellos minutos que no me dió en su día quería decirle que no le conozco, que puedo llegar a entender que usted tiene mucho trabajo y que está muy ocupado y tiempo múltiples problemas.

Sé que he elegido un oficio complicado, inestable y lleno de drama, pero considero que lo que usted hizo conmigo no es justo, ni tampoco educado. Escribo esto con la esperanza de que si cualquier actriz o actor tiene el valor de presentarse en su puerta se lo piense dos veces. Porque los artistas somos personas que ponemos nuestra vulnerabilidad al servicio de los demás que ante todo somos personas y a veces las cosas nos duelen, nos duelen mucho.

Querido señor de Lanaja Factory quería decirle que no le conozco, pero usted a mí tampoco, todavía.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

Hablemos de cosas que nadie quiere hablar: la muerte.


La muerte y todo lo que viene después.
Porque nadie nos enseña cómo afrontar la muerte, nadie nos habla de la muerte y, sin embargo, todos (tarde o temprano) sufrimos una.
Y entonces nadie te enseña cuales son las palabras que hacen que te sientas un poco mejor: porque no son matemáticas (esas sí las aprendemos en le colegio).
Nadie te enseña que vas a seguir desayunando por la mañana, caminando por la calle, yendo a los mismos sitios y respirando aunque con un poco de presión.
Porque todo va a seguir igual, todo menos tú que has perdido algo que jamás vas a recuperar.
Sigues tomando café y te preguntas si ese dolor que sientes se irá alguna vez o a alguna parte. Yo te digo que no, que el dolor no se va, solo se transforma.
Pero vamos a hablar de la muerte, por favor, que tengo muchas ganas.
Mi primer muerto - quiero decir, la primera vez que perdí a alguien a quien quería de verdad- fue por sorpresa (sí, sorpresa, voy a utilizar un palabra "positiva" en un contexto que para nada lo es, porque para quien no lo haya vivido, en la muerte también hay cosas buenas, aunque suelen llegar más tarde).

Mi primer muerto me dió la vida.
En esa primera semana en la que conocí a la muerte muchos me escribisteis y lo que no sabéis es que guardé cada mensaje en un archivo. Porque esa semana no entendí nada y no sentí nada y no perdí nada. Entendí después. Sentí después. Perdí después (Pero eso yo, que la muerte cada uno la lleva cómo puede). Después leí los mensajes, y a veces saludo por la calle a personas de mi colegio que nunca han sido mis amigos, pero que esa semana me escribieron un mensaje. Ya veis, qué extraño.

Cuando alguien muere necesitas algo que nadie te puede dar: Vida. Te vas a la cama después de haberte tomado cuatro tilas y lloras cómo si lo fueras a hacer siempre. Llega un momento en el que te desgasta tanto llorar que dejas de hacerlo y solo lo haces de vez en cuando, cuando te apetece o cuando recuerdas que no vas a escuchar su voz de nuevo o ver sus ojos llenos de amor...
Entonces realmente le das valor a las cosas que lo tienen. Le das valor a los abrazos, a los mensajes, a las personas, a los momentos...

¿Cuándo volveré a reírme de verdad? Estuve dos días haciéndome esa pregunta... y de repente empecé a reírme muy fuerte en el baño del tanatorio. A reírme mucho en el baño del tanatorio porque un amigo estaba en el baño equivocado y nos vió una mujer que pensó que hacíamos otra cosa más que encontrarnos por casualidad en el baño del tanatorio, tanatorio al que habíamos ido a ver a un amigo, a despedirnos de un amigo.

Y me reí. Y semanas después lloraba con la misma fuerza y con la misma intensidad con la que reía, porque no son matemáticas y nadie me enseñó todo lo que aprendí.
No os deseo mi dolor, os deseo el vuestro y que sepáis que no estáis solos, que el dolor se transforma y estar vivos es genial.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

Dos palabras.



Tan fácil cómo dos palabras y tan difícil cómo tener el valor de pronunciarlas en voz alta.

A veces me pasa que las personas que más quiero son a las que más exijo, con los que soy más dura y con los que pago las cosas que me duelen y me destrozan, solo porque a veces no soy capaz de pronunciar dos palabras.

A veces espero cosas de los demás, espero que actúen de una forma en concreto, espero que me den un abrazo, espero que me hagan caso... y no pasa... no pasa porque no soy capaz de decirlo en voz alta y nadie es adivino y entonces ante mi incapacidad de verbalizar dos palabras me enfado. Me enfado con el mundo por mis circunstancias, me enfado conmigo por sentirme así y sobre todo me enfado contigo por no hacer lo que deseo (y no te digo) que tienes que hacer.

Qué difícil gestionar todo este dolor...
Tan fácil cómo dos palabras y que difícil tener el valor de pronunciarlas en voz alta.

Entonces me pongo una coraza, una coraza que tiene un único punto flaco ... mi punto flaco tiene cinco milímetros de coraza y lo siguiente es blandiblú... hay tres personas en ese punto flaco y hay personas que ya me han quitado la coraza...

Entonces me vuelvo a enfadar porque... ¿Por qué no estás aquí? ¿Por qué no me has llamado? ¿Por qué no me has dicho que estarías para lo que necesitase? ¿Por qué no me has besado y ya está? Y me enfado, por que todavía hay dos palabras que no he dicho.

Tan fácil cómo dos palabras y tan difícil cómo tener el valor de pronunciarlas en voz alta.

Dos palabras: Te necesito.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

La vida es tu sonrisa.





Ahora que estas triste es cuando me gustaría verte feliz. Es verdad eso de que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. No quiero que te mueras nunca. Qué tontería porque sé que en algún momento todos nos iremos. Pero no. No quiero imaginarme un día sin saber que estas en algún sitio contando a la gente lo que me vas ha hacer de comer, diciéndoles que he dejado de comer pan porque quiero adelgazar pero tu me ves preciosa. Es triste pensar que algún día no estarás, que iré olvidando tu voz y tendré que mirar las fotografías para recordar tu cara, que será tarde para todos los te quiero que se me escapan de la boca cuando te veo. Es triste vivir en un mundo donde el amor no puede salvar a las personas.
Pero aún estas aquí, aún tenemos tiempo, aún puedes contarme cómo fue ser la pequeña de 21 hermanos, de los que ya no te queda ninguno, aún puedo consolarte por haber sobrevivido a tu hijo del que a veces te acuerdas y lloras, aún puedes contarme cómo fue enamorarte un 14 de febrero, cómo es necesitar a una persona que se ha ido...
No quiero que te mueras, nunca.


Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.


La noche en que Caperucita se dejó matar.



¿Recuerdas esa noche que estabas enfermo y me llamaste porque no querías estar solo?
Llovía mucho pero fui sin dudarlo. Igual que Caperucita fue a casa de la abuelita. Inocente. Niña. Queriendo ayudar. Pero igual que en el cuento la niña encontró al lobo...

Me pediste que te cantase, como si el dolor fuera a desaparecer con mi voz, y lo hice, como me gustaba hacer todo lo que pedías.
Y cantando nuestra canción, con mi vestido de lunares mojado, mis zapatillas en el suelo, tu pelo rizado, tus ojos marrones y tu guitarra en la pared, siempre por afinar... Sólo pensaba en todo lo que tú habías decidido que no seríamos, sentía que estaba dispuesta a darte un trocito de mí esa noche, que podía cantarte hasta que el dolor pasase, que bailaría bajo la lluvia si me lo pedías...

Y mientras yo te cantaba y te acariciaba el pelo, tú solo pensabas en devorarme las entrañas y hacerte un traje de fiesta... empezaste por mi boca y acabaste en mis piernas y la letra de la canción que tanto significaba para nosotros se transformó en otra cosa. Cambió para ser la cura que tú creías necesitar, y yo, menos inocente pero queriendo ser tu medicina, me dejé matar en tus dedos.

Seguía mirando tus ojos marrones y tu pelo cada vez menos rizado por la fuerza que mis manos ejercían sobre el, era menos niña con cada respiración y solo quería ser la cura de todas tus enfermedades, de tus días de lluvia...

Pero en esta historia no hubo ningún cazador que salvase a Caperucita, la niña se dejó devorar y se convirtió en otra cosa, mujer loba, quizá, sin inocencia, niñez ni ganas de ayudar.
Aquel día murió la niña que te cantaba para salvarte de la muerte. Aquel día mataste con tus dedos a la única persona que te quiso salvar con la voz, con el cuerpo y con lo que hiciese falta.
Yo recuerdo esa noche. Y a veces me pregunto cómo la recuerdas tú.


Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

Soy mujer.



Soy mujer y no tengo nada que envidiarle a la vida.
Soy mujer y he recibido una educación en la que mis padres me han enseñado que valgo mucho -ni más ni menos que nadie, mucho-.
Soy mujer y he ido a un colegio en el que podía hacer lo mismo que el resto de mis compañeros y a todos nos han enseñado los mismo valores y conocimientos, cómo personas iguales.

Soy mujer y me encanta serlo.

Me afecta la desigualdad -al igual que le afecta a muchos hombres por su orientación sexual o su origen de nacimiento- y no lo entiendo.

Cada semana voy al parque y veo a muchos hombres corriendo sin camiseta y no les digo nada, ni les toco sin su permiso. Entonces no entiendo por qué existe un gilipollas que se cree con derecho de levantarme la falda un viernes por la noche cuando salgo a bailar. Pienso en su madre -una mujer- y me da pena creer que probablemente ella ha invertido mucho tiempo y amor en educar a un buen hombre, un hombre que el día de mañana ame... No entiendo por qué es algo que está normalizado y a la que no debo dar importancia. Ni lo entiendo ni quiero. Por que no quiero normalizar este comportamiento, no quiero resignarme a "es que soy mujer y las cosas son así" no.

Soy mujer y adoro a mi padre y él me adora a mí, por eso sé que hay hombres que saben a amar. Por eso sé que esto se puede cambiar.

Soy mujer y me pongo falda cuando quiero.

Soy mujer y me encanta serlo.


Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.


No puedo dormir, me siento demasiado culpable.



No puedo dormir me siento demasiado culpable.
Soy extranjera de mis propias acciones y no dejo de recordar mi vida olvidada.
No puedo seguir fingiendo que me das igual.

He hecho trampas y merezco esto.
Merezco que me cosan la boca para no volver a usar mi lengua de manera tan insolente.
Merezco que me callen con la misma violencia que ejercen mis palabras.
Merezco la violación que mis ojos hacen al mundo.

Tengo que desaparecer,
inventarme en otra noche,
más calmada y menos puta.

No sé qué mierda escribo, la culpa me hace cosquillas y no me deja dormir.
Quiero teletransportarme a otro lugar, deja de pensar si soy así o estoy sin terminar.


Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.

Todos los días de mi vida.



Tengo demasiadas ideas y todas muy desordenadas.
Sabes que soy más bien caótica y que me cuesta organizarme.
Así que comenzaré por dejar que el corazón escriba que todo lo demás supongo que vendrá después.
No soy la mejor expresando mis sentimientos, aunque sé que para ti cualquier cosa que salga de mi es "algo perfecto" solo porque lo hago yo, porque para ti soy única, la mejor.

Hablaré de tus ojos, porque me gustan.
Amo esos ojos verdes, llenos de vida y ternura.
Amo como me hablas a través de ellos, como me dices que me quieres sin palabras, porque sé que lo haces.
Quiero que mis hijos tengan tus ojos, acabo de decidirlo.
Creo que esto se puede considerar una declaración de amor, a tus ojos, claro.
Bueno, a ti también.

Te conozco bien,
mucho,
bastante,
son parámetros que no tienen valor, no significan nada, no alcanzan para medir.
Así que diré que te conozco bien.
No conozco todo tu pasado y dicen que nunca se acaba de conocer a las personas,
pero te conozco bien, muy bien.

Por eso sé que tu objetivo en la vida es hacer de este mundo un lugar mejor,
que eres una persona que siempre está para ayudar,
aunque no siempre sea ayudada,
que me compras vestidos cuando estoy triste
y odias las aceitunas y el vinagre.
Te encanta hacer regalos, buscarlos prepararlos, sorprender, hacer feliz a los demás.
Te conozco bien, por eso sé que te gusta el chocolate puro con almendras
y que siempre comes un poco después de comer los fines de semana.

Y cuando estoy lejos haces que me despierte con un mensaje que dice "Cómo estás princesa". Me encanta cuando me escribes mensajes.
Cuando no sabes cómo demostrarme lo mucho que me quieres por escrito y me envías muchas
caritas,
corazones,
besos,
que aunque estén escritos salen del móvil hacía mi y me hacen sentir la persona mas afortunada del mundo, porque lo soy, porque te tengo a ti.

Amo cuando crees que no pasas suficiente tiempo conmigo, y me lo dices, y me abrazas y se detiene el tiempo, y se hace presente esa unión que tenemos.
Tú y yo.
Se hace latente esa conexión que teníamos incluso antes de nacer,
esta simbiosis tuya y mía que nos conectó por dentro.

Te conozco y sé que ahora mismo estas sonriendo. Y sé que no sabes lo preciosa que es tu sonrisa siempre, porque tu nunca sonríes de mentira. Porque eres especial, una persona auténtica, única.
Admiro tanto tu forma de ser, tu forma de existir...

Y sé que hay días que cuando te quitas los zapatos te preguntas si vale la pena ese cansancio, ese esfuerzo... y es cuando la mirada se te vuelve verde oscuro y resoplas como si expulsando el aire se renovaran tus energías.
Es entonces cuando me gustaría regalarte el mundo y darte todas las sonrisas que a veces me pides y no te doy, bailarte, abrazarte, besarte y demostrarte que te voy a querer toda la vida.
Porque siempre habrá épocas malas pero en nosotros está transformarlas en algo más.

Que te quiero, y los te quiero en estos tiempos están muy caros y pasados de moda.
Pero cuando yo te digo que te quiero te lo digo de verdad y lleno de sentimientos.
Te quiero.
Por eso te lo digo todos los días, porque tengo miedo de que se te olvide o de no decirlo lo suficiente, aunque me preguntaré si alguna vez será suficiente...
Te quiero por darme la vida, por llevártela cuando te enfadas por cualquiera de mis tonterías.
Por cuidarme cuando estoy enferma y cuando estoy sana.
Te quiero porque prestas atención a lo que me gusta y a lo que no,
te aprendes de memoria mi horario y te amoldas a él.
Te quiero por tus besos de buenas noches y tus palabras de buenos días.
Por tus tilas pre-examen.
Por decirme que te llena de orgullo verme conseguir lo que quiero.
Porque mis penas para ti son más penas y mis triunfos se convierten en alegrías infinitas.
Por tus noches en vela esperando escuchar el sonido del móvil o de las llaves que anuncian que ya estoy de vuelta.
Por lo que sientes cuando llega cualquier día especial para mi.
Por conocerme, aceptarme tal y como soy, y aun así quererme.
Por decirme "Al principio eres borde, pero se te coge cariño".

Te quiero.
Y no te quiero por todo lo que me das.
Te quiero y ya está.
Es innato.
Te quiero por todo lo que eres y por quien eres.
Que si alguna vez soy grande, es porque tras de mi hay una gran madre.
Por todos los años de vida desde que comenzó la mía, hacía atrás y en adelante.
Te mereces el mundo.
Gracias mamá.


Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.