No puedo culparos.


No puedo culparos del daño que otros me hicieron.
No puedo culparos por aquel hombre malo que conocí con quince años.
No puedo culparos por la orden de alejamiento jamás cumplida, por las noches llorando, por los días con miedo...

No puedo culparos.
Pero a veces lo hago.

Y no lo puedo evitar
y sé que está mal
pero tengo miedo y ese miedo es el que me hace culparos.

Hubo un tiempo en el que no os culpaba de nada, hasta que conocí la maldición de los hombres malos. Aquella maldición que algunos hombres llevan en sus genes, que heredan de sus padres y dan a sus hijos, hombres malos, sin empatía...

Yo conocí a un hombre malo.
Yo vi lo que el amor hacía a una chica soñadora y enamorada, recogí sus lágrimas de la ducha, cubrí su cuerpo, tiré los cigarrillos que la consumían y recé cada noche para que el hombre malo no se la llevase...

Pero el hombre malo se la llevó y yo no pude hacer nada, el hombre malo se llevó sus sueños y la dejó consumida como los cigarrillos en los que se refugiaba y quizá por eso llevo toda la vida culpando a hombres buenos de lo que hizo aquel hombre malo.
Por eso me disfrazó de guerrera, aunque soy una patosa, y me pinto soberbia y creída aunque no me creo ni mi nombre... Porque me prometí no morir en las manos de un hombre malo y porque no puedo culparos.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.