Dos palabras.



Tan fácil cómo dos palabras y tan difícil cómo tener el valor de pronunciarlas en voz alta.

A veces me pasa que las personas que más quiero son a las que más exijo, con los que soy más dura y con los que pago las cosas que me duelen y me destrozan, solo porque a veces no soy capaz de pronunciar dos palabras.

A veces espero cosas de los demás, espero que actúen de una forma en concreto, espero que me den un abrazo, espero que me hagan caso... y no pasa... no pasa porque no soy capaz de decirlo en voz alta y nadie es adivino y entonces ante mi incapacidad de verbalizar dos palabras me enfado. Me enfado con el mundo por mis circunstancias, me enfado conmigo por sentirme así y sobre todo me enfado contigo por no hacer lo que deseo (y no te digo) que tienes que hacer.

Qué difícil gestionar todo este dolor...
Tan fácil cómo dos palabras y que difícil tener el valor de pronunciarlas en voz alta.

Entonces me pongo una coraza, una coraza que tiene un único punto flaco ... mi punto flaco tiene cinco milímetros de coraza y lo siguiente es blandiblú... hay tres personas en ese punto flaco y hay personas que ya me han quitado la coraza...

Entonces me vuelvo a enfadar porque... ¿Por qué no estás aquí? ¿Por qué no me has llamado? ¿Por qué no me has dicho que estarías para lo que necesitase? ¿Por qué no me has besado y ya está? Y me enfado, por que todavía hay dos palabras que no he dicho.

Tan fácil cómo dos palabras y tan difícil cómo tener el valor de pronunciarlas en voz alta.

Dos palabras: Te necesito.

Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.