Hace un año decidí dejar de enviar correos absurdos que prácticamente ninguna agencia o representante responde o lee y me presenté en la agencia Lanaja Factory con mi mejor sonrisa, mi material impreso y toda mi ilusión.
Cuando me abrieron la puerta sólo me dió tiempo a decir: "Hola me llamo Lucía Estévez y soy actriz". El hombre que me abrió la puerta, cómo si vendiese biblias, me dijo: "No me interesa, no buscamos a nadie más" y me cerró la puerta en la cara. La cerró y ya está.
Llevo formándome desde los catorce años. Sacrificando muchos viernes porque los sábado por la mañana tenía baile, sin socializarme con mis compañeros de universidad porque cuando ellos se iban de cañas yo tenía clase de interpretación seis horas cada tarde, he roto con muchas parejas que no entendían las horas que le dedico al teatro, he perdido a muchos amigos por dedicar más tiempo a mi vida profesional, he perdido vacaciones por talleres o actuaciones. He invertido tiempo, dinero, ilusión, ganas, esfuerzo, sacrificio, sudor, lágrimas, personas, familia...
He hecho todo eso y lo volvería hacer. Porque es mi vida, es mi pasión y es lo que amo.
Aquel día salí de ese edificio destrozada, con una mezcla de tristeza y rabia que no podía controlar. Empecé a llorar cómo si no hubiera un límite, porque creo que lo que me pasó no es justo y tampoco educado.
Querido hombre de Lanaja Factory si algún día llegan mis palabras a sus oídos y decide regalarme aquellos minutos que no me dió en su día quería decirle que no le conozco, que puedo llegar a entender que usted tiene mucho trabajo y que está muy ocupado y tiempo múltiples problemas.
Sé que he elegido un oficio complicado, inestable y lleno de drama, pero considero que lo que usted hizo conmigo no es justo, ni tampoco educado. Escribo esto con la esperanza de que si cualquier actriz o actor tiene el valor de presentarse en su puerta se lo piense dos veces. Porque los artistas somos personas que ponemos nuestra vulnerabilidad al servicio de los demás que ante todo somos personas y a veces las cosas nos duelen, nos duelen mucho.
Querido señor de Lanaja Factory quería decirle que no le conozco, pero usted a mí tampoco, todavía.
Un placer tenerte en mi piel, espero que hayas disfrutado.
